Tribuna de Jorge Labarta, socio consejero de Equalice
Especialmente a partir de los años ochenta España vivió una transformación extraordinaria: un fuerte crecimiento económico sustentado en inversión urbana, un turismo en expansión y un proceso de modernización que cambió el país para siempre.
Hoy, cuando observamos el panorama internacional, encontramos un territorio que podría guardar algunos paralelismos al compartir similitudes con aquella España de los 80.
República Dominicana, en ese sentido, se ha consolidado como el principal receptor de inversión extranjera directa en Centroamérica y el Caribe. En el primer semestre de 2025, este apartado alcanzó los 2.892,8 millones de dólares reflejando una confianza creciente por parte de los inversores internacionales.
Ese dinamismo es evidente también en el mercado inmobiliario, impulsado por un turismo en auge que en 2024 superó los 10 millones de visitantes y que en 2025 apunta a rebasarlos con creces. Este flujo constante de viajeros sostiene la demanda de nuevas infraestructuras, segundas residencias y complejos turísticos de alta gama.
Pero no nos quedemos sólo con lo coyuntural de 2025 y revisemos lo estructural: República Dominicana es el país de Sudamérica y Caribe que mayor crecimiento del PIB ha tenido en los últimos 50 años, según un estudio realizado en agosto de 2023 por el FMI. Los motivos principales: estabilidad política aun con alternancia de gobiernos, incentivar y defender la inversión extranjera como fuente de enriquecer el país y la fuerte influencia de la inversión proveniente de EEUU y España.
Un paralelismo evidente
Lo que España experimentó hace cuatro décadas —incremento de la inversión pública y privada, apertura al capital extranjero y boom turístico— encuentra hoy un espejo en la República Dominicana, que también cuenta con unos atractivos naturales extraordinarios, buen clima, hospitalidad y unos precios todavía muy asequibles para los extranjeros que llegan de vacaciones o a pasar largas temporadas.
Además, el país registra avances sociales significativos: la pobreza monetaria cayó más de cinco puntos, del 23 % en 2023 al 19 % en 2024, lo que permitió que más de 400.000 personas salieran de esa condición. Al mismo tiempo, el mercado laboral alcanzó cifras récord, con más de 5,1 millones de personas ocupadas.
Estos logros consolidan una base social que acompaña al crecimiento económico.
El país caribeño, por tanto, no está simplemente creciendo: se proyecta como un polo de atracción para la inversión extranjera en inmobiliario y turístico, motores para enriquecer el país y que este potencie en mayor medida sus infraestructuras. Un ciclo virtuoso de crecimiento económico y mejora social sostenible.
La oportunidad
Nadie podía adivinar en los años 80 cómo sería España unas décadas después. Ahora somos conscientes de las extraordinarias oportunidades que se abrían.
Los primeros en llegar hace algunas décadas fueron Barceló, Meliá, Riu, pero después han ido aterrizando Acciona, Zara, El Corte Inglés…además de varias empresas de construcción y promoción inmobiliaria de pequeño y mediano tamaño.
El desafío y la oportunidad están claros: como empresas, como ahorradores o como inversores ahora tenemos la posibilidad de extrapolar la situación de ambos países y tomar las decisiones oportunas.
